San Valentín o “Sobre los mitos del amor romántico”

Es 14 de febrero otra vez y le damos la bienvenida al comercio de los sentimientos. Temporada de osos, flores y bombones que no llegan a casa sin derretirse. Vale frenar a preguntarnos quién nos arrancó el amor y lo puso en venta en la vidriera de los shoppings. 

Digo “amor romántico”, para hablar de ese que nos fue presentado como novelesco y poético. El que nos explica qué sentimientos han de sentirse, cómo, cuándo, con quién sí y con quién no. Digo mitos del amor romántico para hablar de las promesas incumplidas de un modelo ficticio que se presenta como real. Y nada más efectivo que las campañas de San Valentín para difundir las ideas y los valores de un amor hegemónico que sólo tiene para ofrecernos cuentos de hadas con final (in)feliz.

Los mitos son esas verdades absolutas que la historia y la cultura se encargaron de establecer. Y si ellas están insertas en una sociedad machista, ¿adivinen quién va a salir perdiendo en la repartija de posiciones? Nosotras, las princesas en potencia esperando ser liberadas por el beso del príncipe azul. La pregunta es en qué momento decidimos comprarle a nuestras hijas el disfraz de una mujer a la que castigaron con el sueño profundo hasta que el beso de su verdadero amor la despierte. Nosotras, princesas en potencia, a kilómetros de distancia de encajar en los libretos de Disney.

“Los que se pelean de chicos se casan de grandes”, “El amor duele, ya vas a encontrar a tu media naranja”, “El amor verdadero todo lo perdona”, “Si te cela es porque te quiere”, y otras yerbas. Nos enseñaron a soportar la violencia y a vivir a la sombra. Nos enseñaron a ser incondicionales a la dependencia. Nos enseñaron que la objetividad es siempre la subjetividad del hombre y lo escribieron en el nombre del amor.

A esta altura de las circunstancias, permítanme decir que el amor es político, y como tal, exige ponernos a la altura de las responsabilidades. Disputar el sentido, sus símbolos y sus significaciones. Hoy que la cultura machista aún goza de buena salud no podemos hacer menos que deslegitimar esos preceptos que construyeron los dueños de la historia.

Que el amor no duele si es libre y humano. Que la media naranja no existe y que no necesitamos a ningún príncipe azul para completarnos. Que no siempre triunfa el amor y que nadie puede obligarnos a ser incondicionales. Que los celos y la posesión no son amor, son control y dependencia. Que los cuentos de hadas no existen. Que si te pega, no te quiere. Y que a la mujer ideal la buscan porque la real les da miedo.

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