¿Folklore o violencia justificada por el “aguante”?

A partir de los lamentables episodios de este último fin de semana, en el que debía disputarse la MegaFinal de la Copa Libertadores River- Boca, mucho se habla de que el mal irradicable del fútbol argentino son los barrabravas. Que son un grupo de “animales” que hacen lo quieren, cuando quieren; que esto se tiene que terminar. Pero nadie hace nada, nadie es responsable, nadie tiene que ver con ellos. Error. En cierta medida, todos estamos relacionados con ellos. Por Gabriela Montero

Estos personajes no son diferentes a cualquier hincha, aunque con derechos y garantías que se apropiaron desde la violencia. Pero el “hincha común”, las autoridades gubernamentales, la justicia, los dirigentes de los clubes, los periodistas… ¿Qué hacen para que eso se termine?

Esto forma parte de la renombrada “cultura del aguante”. Ser respetados por hinchadas rivales a costa de su integridad física o psicológica. El orgullo de la localía. A pesar de que esta forma de vivir el deporte viene desde que se «acriolló» el fútbol en la Argentina, las sociedades contemporáneas las continúan, como si nunca perdiera vigencia.

La barra brava es solo el estandarte de esta cultura y los que lo siguen también son cómplices. Allí es donde tienen injerencia los hinchas de a pie.

La cancha es un escenario mimético. Es un lugar donde el ser humano se libera de las presiones y límites que debe mantener si quiere ser parte de la sociedad. Es aquí donde todo es posible. Desde un cántico xenófobo hasta la utilización de cualquier elemento que esté a mano para lastimar al rival.

Y ésto no es solo característico del barra, sino del hincha tribunero que lo toma como natural. Porque hay que demostrar que “tenemos aguante y con nosotros no se jode”.

Es un momento de reflexión que la sociedad futbolera se debe hace tiempo. En Argentina, la cultura del aguante es impune en todas sus formas y, lamentablemente, también es parte del fútbol.

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